Antonio Blay Aprende a compartir con otros aquello que hace mejorar tu Ser,
aquello que te hace crecer ...
tu Prosperidad es inviable sino procuras la de los que te rodean"
Antonio Blay Para eliminar los estados negativos, no luchemos contra ellos.
Nunca luchemos contra nada.
Luchemos a favor de algo, a favor de lo positivo.
Los estados negativos no son más que un déficit de lo postivo.
Antonio Blay Es curiosa la similitud entre amar y querer.
Nuestro amor, nuestra afectividad debe de ser muy semejante a la voluntad. Precisamente se conoce el verdadero amor por lo que tiene de voluntad.
Cuanto más genuino es el amor, es más voluntad y menos sensibilidad.
Antonio Blay El problema básico en lo afectivo está en que hemos aprendido solamente una afectividad pasiva. Hemos aprendido a amar sólo en relación con lo que se nos ame, con lo que recibimos, en la medida en que se satisfacen nuestras demandas o nuestros deseos afectivos. Antonio Blay Las emociones no son nada más que el contraste entre lo que yo deseo y lo que el mundo me da Antonio Blay Si vivo mi presente, yo soy lo que soy aquí y ahora. Es mi capacidad de hacer ahora, mi capacidad de vivir cada instante en la conciencia clara y total de mí mismo.
Viviendo todas las situaciones en el aquí y ahora resoveremos eficientemente nuestros problemas.
Antonio Blay El primer paso para encontrar las causas de nuestros estados negativos es comprender que el problema reside en nuestra reacción a las situaciones.
Hemos de darnos cuenta de que no nos enfrentamos realmente con problemas exteriores sino con problemas que del exterior se han instalado en nuestro interior.
Antonio Blay Para descubrir la propia verdad, la propia identidad, uno ha de obligarse a vivir cada instante con una conciencia más clara, más exigente, de sí mismo.
He de exigirme ser consciente no solo de la situación, sino del yo que la está viviendo: lo que estoy haciendo, lo que estoy sintiendo, lo que estoy pensando...
Antonio Blay En la medida que yo pueda ir reconociendo mi propia y verdadera identidad, mi actitud antes las personas y las circunstancias cambiará, y descubriré que no hay nada ni nadie que pueda herirme.

Sus enseñanzas van dirigidas, tal como él mismo decía:

«…para todos aquellos que estando disconformes con su modo de ser actual, piensan que debe existir alguna manera de modificar sustantivamente su personalidad, en el sentido de alcanzar una mayor expansión de sus recursos y una más profunda vivencia de la propia plenitud.   

Para aquellos que no se encierran en el rígido caparazón de sus ideas y actitudes cristalizadas, y están dispuestos a emprender un trabajo definido para alcanzar una liberación interior de temores, prejuicios, encogimientos, incertidumbres, dudas y perplejidades.  Para los que presienten la posibilidad de un vivir pleno, maduro, creador, lleno de sano positivismo y rico de significado.   

25fgtPara los que anhelan respirar hondamente sin trabas interiores, que desean comprender el sentido de la propia vida y que son capaces de luchar para llegar a vivirla de un modo total.»

Nada mejor para describir la persona de Blay que unas palabras de un alumno suyo, Miquel Martí:

«Blay era un Maestro, aunque nunca se presentó a sí mismo de ese modo. Era muy independiente y daba también una independencia total a sus seguidores, lo que en algunos (que quizá esperasen una atención más personalizada) provocaba en alguna ocasión un cierto desencanto. Con ello pretendía evitar que se crease ningún tipo de dependencia y que el estudiante descubriera y desarrollara por sí mismo su propia naturaleza central y lúcida.

En un episodio de la novela El filo de la navaja de W. S. Maugham, el protagonista (Larry) viaja a la India y se dirige a un santo-sabio (Sri Ganesha), diciéndole: «Quiero que seas mi gurú». A lo que éste responde: «Sólo Brahma es gurú»; mas luego lo acoge bajo su dirección. Salvando las distancias, también Blay -sin pretensión alguna de santidad ni exotismos de ninguna clase, pues era de Barcelona, donde impartió sus enseñanzas así como en el norte y centro de España-, en su actitud era como si plantease de esta misma forma la relación con sus seguidores: con desapego, pero con una entrega total cuando un estudiante realmente interesado se dirigía a él, con sus aspiraciones, sus dudas, su necesidad de apoyo. Entonces, el consultante siempre recibía lo que necesitaba en aquel momento de su camino, y mucho más.

Aunque hemos afirmado que Blay ejercía de maestro sin decirlo explícitamente, desde un punto de vista terrenal muchos opinarían que carecía de «poderes» (mundanos o políticos, que tanto se admiran), o simplemente de la capacidad de cambiar o transformar las cosas o situaciones. Seguramente esto es cierto. Pero tenía un «poder» superior, a nuestro modo de ver: el de respirar constantemente espíritu, el de demostrar sutilmente que era un alma, en todo momento consciente de sí (como alma) y con una rara habilidad de comunicar a los demás esta dimensión inmortal.

Conversando con él, o simplemente estando con él y otras personas (y aún en los grupos numerosos), uno siempre tenía la sensación de que se expresaba desde una zona superior, espiritual, invisible (pero a través de su visibilidad, naturalmente), aunque se hablase de temas cotidianos e intrascendentes. Y lo mejor del caso es que su interlocutor o interlocutores -yo, tu, el otro-, si estaban atentos, tenían la experiencia de sentirse situados, «elevados» podríamos decir, también a un nivel superior, de mayor claridad, lucidez, vibración amorosa y transparencia. ¿Qué más podía pedirse?

En otras ocasiones, después de un rato de conversación, de una forma muy natural se producía un silencio que era el preludio de otro silencio más denso, casi táctil, que «descendía» sobre los asistentes y los impregnaba (los «bañaba») de una plenitud silenciosa durante largos, largos minutos.

32wsqEn una ocasión de las que fuimos testigos, este estado llegó a durar unos cincuenta minutos, aunque la sensación mientras duraba era la de total intemporalidad. Si puede definirse este estado con una sola palabra, ésta es felicidad. Y en esta felicidad, la presencia quieta, central, de Blay, con su sonrisa amable y amiga. La evidente revalorización actual de su obra indica que de entre sus nuevos lectores los hay muchos que son capaces de percibir, de aprehender el espíritu de Blay, que éste se hace accesible a la comprensión e intuición de sus actuales estudiantes, como si a través de las páginas de sus libros se produjera un contacto vibratorio, por simpatía, con la esencia viva de su mensaje.

Para sus nuevos estudiantes, diremos que Blay, a través de su Blay-personalidad fue: una Energía comunicativa, un Sentimiento expansivo, un Gozo radiante, una clara y profunda Inteligencia, y lo que seguramente lo resume todo, un canal de expresión del Ser.»

Fuente: Prólogo de «La Realidad» de Antonio Blay (Ed.Índigo)